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No hay barbijo que me proteja de tu violencia machista: justicia por Cristina, Ada, Claudia y todas las que no volvieron

Dale, vení y contame. Explicame cómo tengo que defenderme. Vení y decime cómo es que tengo que salir a luchar. No, perdón; luchar es un término “feminazi”. Sí, ya me dijiste que te genera “rechazo” cuando te hablo así. Dale, seguí. No, no me considero superior. No dije que mis derechos valen más que los tuyos. Bueno, dale; te escucho. ¿Qué por qué no denunció? ¿Cómo no se fue de ahí? ¿En serio me estás preguntando esto? No, dale; te dejo terminar. Bueno, explícame: soy toda oídos.

¿Cómo que se puso nervioso? ¿Se le fue la mano? La vio hablando con un amigo, la estranguló, la envolvió en una sábana y la enterró en un acantilado. No, ya sé. No todos los hombres son así. ¿Me escuchás? No dije eso. Estás embarrando la cancha. Jamás dije que odiaba a los hombres, ¿me estás siguiendo el hilo cuando hablo? Bueno, dale. Hablá vos. Explicame que te gusta.

No fue un crimen pasional. ¿Qué es un crimen pasional? ¿Me lo podés explicar? ¿Por qué te cuesta tanto pronunciar la palabra fe mi ci dio? ¿Qué por qué necesitamos una carátula judicial especial? Sí, ya sé que también hay mujeres asesinas. ¿De dónde sacaste esas estadísticas? No, pará; quiero que me digas de dónde sacaste esos números. No te estoy corriendo, te estoy pidiendo que argumentes lo que estás diciendo. Ajá. Bueno, volvamos entonces al femicidio de Claudia Repetto. Sí, fue un femicidio; no voy a discutir más eso. Sigamos, dale.

Claudia Repetto estuvo 27 días desaparecida. Encontraron su cuerpo el sábado, en una zona de acantilados al sur de la ciudad. La Policía llegó al lugar después de que su ex pareja, quien permaneció 26 días prófugo, confesó el crimen y dijo en dónde había descartado el cuerpo. Su confeso femicida se llama Ricardo Rodríguez. No se entregó. Fue capturado después de que un amigo de los hijos de Claudia lo vio caminando por la calle y lo retuvo hasta que llegó la Policía.

Rodríguez reconoció que la “mató por celos”. Dijo que la vio hablando con un amigo y que la “agarró en el pasillo”. Hasta ahí llega su memoria. No recuerda cómo la mató. Dijo que le agarró “algo por dentro” y que cuando volvió a su “estado” la encontró sin vida en el piso. Según su declaración, intentó reanimarla, pero no lo logró. No llamó a una ambulancia, ni alertó a nadie. Al “regresar en sí”, buscó una pala, envolvió el cuerpo con una manta y “la cargó” en su moto.

“Estaba nervioso, nublado con lo que había pasado. Ahí nomás, cuando bajé con la moto la dejé y la enterré. La pala la revoleé para adelante”, precisó, no sin antes solicitar un traslado porque teme por su seguridad: “Tengo miedo por los amigos de los hijos de Claudia. Estoy seguro de que me van a lastimar”.

¿Sabías que el 63 por ciento de los femicidios se cometieron dentro de las casas de las víctimas? No lo estoy inventando; es la estadística del último reporte del observatorio “Ahora que sí nos ven”. En tiempos de aislamiento obligatorio la cifra cobra aún más relevancia. No, no todas las mujeres pueden “agarrar sus cosas e irse”. Porque muchas no tienen a dónde ir. No se quedan por comodidad. Hay un sometimiento psicológico, es un poco más complejo el asunto. Dale, vamos al punto. Hablemos del femicidio de Cristina Iglesias y de su hijita Ada.

Cristina estuvo dos días desaparecida junto con su hija de siete años, Ada. Fue su hija mayor, Dolores, quien notó el jueves que los mensajes que le escribía su mamá eran extraños. No parecía ella. Se negaba a hacer videollamadas. Algo estaba sucediendo y decidió ir a la casa de su madre. Al llegar, estaba todo revuelto. La Policía le pidió que esperara para hacer la denuncia, por si volvía.

Cristina había empezado una relación con un hombre del barrio, que vivía a pocas cuadras, en una habitación de la casa de su hermana. Después de que se decretara el aislamiento obligatorio, decidieron –siempre de acuerdo a su versión de los hechos- hacerlo en la casa de Cristina. Al llegar, su hija encontró el lugar revuelto. El hombre, ahora identificado como Abel Romero, le dijo que no sabía nada, que su madre se había “ido a pasar la cuarentena con unas amigas” y que se había llevado a su hermanita. Romero se esfumó.

Después de radicar la denuncia, la familia comenzó una activa búsqueda desde las redes sociales. La Policía Científica confirmó que el dormitorio de Cristina había sido “lavado” y se detectaron manchas de sangre en el piso y paredes. Habían limpiado hasta el colchón.

En la tarde del sábado, Romero fue detenido; no por el doble femicidio, sino por violar el aislamiento decretado por el Gobierno. En un principio negó todo. La causa, hasta ese momento, llevaba la carátula de “averiguación de paradero”. En su casa encontraron las llaves de Cristina y su documento. Dijo que lo tenía porque le cobraba la AUH, pero la víctima no era beneficiaria del plan.

No fue hasta que la Policía encontró los cuerpos de Cristina y Ada enterrados en el fondo de su casa que habló del crimen. Aseguró que otros tres hombres ingresaron al lugar, las asesinaron y que antes de irse lo amenazaron con matarlo si no limpiaba la escena del crimen. La causa, en manos del fiscal Jorge Grieco, ahora fue caratulada como “homicidio calificado”. Cristina y su hija fueron degolladas en su propia casa.

Desde que comenzó el aislamiento obligatorio –hace sólo ocho días-, ya se contabilizaron al menos ocho víctimas de femicidios en nuestro país. Hay otros cuatro casos que están siendo investigados. No hay barbijo que nos proteja contra la violencia machista. Pero estamos juntas y vamos a seguir luchando, porque se lo debemos a Cristina, a Claudia, a Ada; y a todas las pibas que nunca volvieron.

  • Romina Ruíz Díaz, tenía 36 años: fue asesinada el 13 de marzo a apuñaladas en su casa de la localidad de Los Pozos, Cañuelas. Detuvieron a su pareja, Mauricio Wilver.
  • Lidia Britez, tenía 47 años: fue asesinada el 14 de marzo en La Pampa.
  • Pilar Riesco, tenía 21 años: la mataron en la provincia de Buenos Aires el 17 de marzo.
  • Susana Melo, tenía 53 años: fue asesinada el 21 de marzo en Bahía Blanca.
  • Florencia Fabiola Barreto, tenía 32 años; la asesinaron el 22 de marzo en Misiones.
  • Verónica Soule, tenía 31 años: murió prendida fuego dentro de su vivienda de Santa Fe. Investigan a su ex pareja quien, de acuerdo a la familia de la víctima, tenía las manos quemadas.
  • En investigación también se encuentran los asesinatos de Jésica Rocío Farías (21 años), una joven de 17 años de Tolosa y Florencia Micaela Soto (27 años).
  • Hubo, además, tres intentos de femicidios en Entre Ríos, Santa Fe y Catamarca.

*Si vos o alguien que conocés es víctima de violencia de género llamá al 144.

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