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Maradona, el peor

Hay algo más peligroso que la desmesura y es ese mismo descontrol con poder. Un año después de la muerte de Diego Armando Maradona y su desmesurado funeral en la Casa Rosada, dos causas judiciales y una serie con bastante de documental en Amazon nos refriegan en las narices al Maradona que se puede narrar, el biográfico, porque la pasión no se cuenta.
Tal vez deberíamos tomar esta sobredosis de Maradona como una experiencia sanadora o catártica o algo así, porque atrás de los ídolos siempre hay una sociedad que los explica y los justifica o los niega, que es parte de lo mismo, porque no hay mito posible sin un anti-mito. Los verdaderos devotos de Maradona son los que nunca ganaron un peso con Maradona porque ganaban otra cosa: ilusiones de supervivencia, éxitos en la derrota cotidiana, un camino excepcional a la gloria, pero, bueno, un camino al fin. En los Tribunales y en la serie salen a la luz los trapitos de los otros, los que sí vivieron de Maradona y ahora pelean por la marca o la penúltima venganza.
A los unos y los otros los separa un hilito de frontera entre la amistad y la camarilla, el amor y la conveniencia, el desahogo y la adicción, la gauchada y el narcotráfico, la lealtad absoluta por la madre y el machismo más egoísta, un gol con la mano y la soberanía en las Malvinas, la víctima y el victimario, la revolución social y la trata de mujeres… La religiosidad del pueblo maradoniano es en espejo: no se le indulta el lado oscuro, se lo administra como propio. El maradonismo de palacio, de oficina y de TV es otra cosa: sin ambiciones materiales y carnales no hay espacio para lo que llamamos “doble moral”, eso que nos desnuda cuando se puede constatar la pornográfica distancia del dicho al hecho.
El caso de la cubana Mavys Álvarez demuestra con absoluta crudeza que son muy poca cosa para dar fe de cualquier moral revolucionaria un Che Guevara tatuado y engordando en el hombro y un co-ca-co-la imposible con un Fidel Castro cuesta abajo. Ahora, ¿cuántos gobernantes de cuántos signos políticos prefirieron una foto con Diego a ponerle el ojo al obvio narcoambiente que lo rodeaba, sin espacio para “peces chicos”? ¿Cuánta fama y cuánto poder justifican, por ejemplo, joderle la inocencia y la vida a una piba de 16 años?
D10S es argentino. Murió hace un año. Es el peor.

por Edi Zunino

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