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La belleza del día: “La caída de Simón, el mago”, de Pompeo Batoni

“La caída de Simón, el mago”, de Pompeo Batoni, en la basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires, Roma

La del italiano Pompeo Batoni (1708-1787) es la historia de un rechazo que, posiblemente, cambió para siempre su historia como pintor. La de dedicar casi una década a un encargo que creía que lo colocaría en otro nivel dentro de la historia del arte, pero que al ser rechazado lo llevó a convertirse en un anodino retratista.

Batoni se formó con su padre, un dorador de oficio, en las artes del grabado, pero ya con 20 dejó su Lucca natal para formarse en Roma, en la Academia del Desnudo de Sebastiano Conca. Allí, comenzó a copiar a los clásicos, como Rafael, Carracci, Guido Reni y Domenichino, para refinar su técnica, experiencia que marcó su estilo para siempre.

Al principio, le costó encontrar clientes, así que se las ingenió vendiendo dibujos de reproducciones de esculturas clásicas y también decorando abanicos por encargo. Ya en la década del ‘30, se hizo un nombre gracias a sus obras religiosas y mitológicas, en las que recreaba escenas de manera teatrales, otorgando a las piezas una carga dramática potente.

En 1743, el papa Benedicto XIV le encargó Éxtasis de santa Catalina de Siena, que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Villa Guinigi, Lucca, y tres años después La caída de Simón el Mago para decorar la basílica de San Pedro, el summun del arte religioso, el lugar al que todos querían llegar.

Trabajó en el retablo casi una década, sabía que si lograba ingresar allí quedaría en la historia para siempre. Pero, la obra fue rechazada por el sumo pontífice y desplazada a la de Santa María de los Ángeles y los Mártires. Esto fue un golpe del que no se recuperó.

Pompeo Batoni partida
Retratos de Batoni

Así, Batoni comenzó a realizar retratos de viajeros en Italia, un género netamente comercial, con los visitantes que que llegaban desde las islas británicas, en su gran mayoría. Las obras son de gran factura, sin dudas, con un excelso desarrollo del detalle y una enorme capacidad para reproducir los gestos, aunque repetitivas, es como si hiciera el mismo retratro una y otra vez.

En ese sentido, la composición mostraba al o a la cliente de pie o sentado ante una serie de fondos: un paisaje abierto, un estudio o rodeado de arquitectura clásica, con estatuas y otras marcas de la atigüedad para demostrar, como si fuera una foto, que el trabajo fue realizado como parte del viaje, un souvenir con guiños históricos del lugar. Para realizarlos, el pintor realizaba a lo mucho tres sesiones, luego terminaba en su estudio y lo enviaba al país de destino, ya que lógicamente nunca los podía finalizar durante la visita.

Volviendo a La caída…., la obra recrea un incidente relatado en los evangelios apócrifos de los Hechos de Pedro y los Hechos de Pedro y Pablo, en donde Simón, el Mago para asombrar a los apóstoles con su poder de levitación, vuela desde una estructura alta- Pero Pedro, el primer Papa, con sus oraciones, puede confundir a los demonios que sostienen a Simón en alto. Nadie, en la tierra, puede estar sobre el Papa, significa la historia. El hechicero cae y muere en el acto, todo frente al emperador Nerón.

Así, se lo ve a Simon cayendo mientras los demonios a su derecha se dispersan. El emperador, en su trono, atrás junto a la estatua de Hércules, observa junto a otros testigos, alguno intenta atajarlo en el aire, otros se retuercen de espanto por lo que está sucediendo. Mientras tanto Pedro, de cabellos blancos, con su túnica azul, se encuentra sentado con las llaves del reino de los cielos cerca de sus pies, y Pablo, de túnica verde, a su lado, sostiene una espada y mira hacia arriba.

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