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Javier Remón, el barilochense que llegó a la cima del mundo

Javier Remón es un barilochense que, desde hace mucho tiempo, decidió perseguir sus sueños. La vida lo llevó a estudiar abogacía y ejercer su profesión hasta que dio un giro inesperado: abandonó su trabajo para disputar el Mundial de Kayak Polo en Alemania y decidió “tomarse un tiempo en Europa”.

Por cuestiones relacionadas a su nuevo trabajo llegó hasta África, su nuevo hogar, donde trabajó en como guía de rafting y actualmente en compañías de Safari culturales y fotográficos. Sin embargo, aún le quedaban deseos de aventura y miró hacia Nepal, donde se encuentra la cima del mundo: el monte Everest.

“El Covid me obligó a entrenar más de lo que entrenaba estos últimos años y entonces decidí venirme al Everest”, comienza su relato en un video que envió al equipo de Noticiero Seis. Por supuesto que no fue sencillo e incluso reconoce que “la historia se empezó a complicar un poco” por los casos de coronavirus que comenzaron a surgir en el campamento base días atrás.

En conversación con la compañía a cargo de la expedición, Javier logró que las fechas se aceleraran y pudieron lograr hacer cumbre hace tan solo tres días. A sus espaldas, el Glaciar de Khumbu y una cascada de hielo reconocida como el obstáculo principal y más peligroso camino a la cima.

Javier contó que en esa zona solo hizo una rotación y, sin perder la sonrisa y con la mirada llena de asombro, comentó que tuvo que usar grampones para superar esa instancia. El camino continuó hacia otros campamentos y recién en la posta número cuatro tuvo que sumar un tubo de oxígenos a su equipamiento de montaña. Durmió a 8.000 metros de altura y siguió con la proeza.

En total, fueron 17 horas de aventuras entre las que se incluyen ocho horas en plena noche. “Se me congelaron los dedos del pie y tuve que descongelar la máscara en una pendiente”, recuerda entre los obstáculos que tuvo que sortear antes de poner un pie en la cumbre sur del Everest.

Javier también relató su travesía por el paso Hillary, una cara casi vertical de roca con una altura de cerca de 12 metros, “que después del terremoto del 2015 es un poco más fácil y de ahí a la cumbre”, menciona con total naturalidad como si aquella  hazaña estuviera al alcance de cualquiera.

La foto en la cima del Everest, aún con la mascarilla de oxígeno en su cara, duró apenas un instante pero la alegría será eterna. Pero al expedición ni siquiera tuvo el tiempo de permanecer varias horas porque la otra parte de la aventura incluía el descenso desde 8.849 metros sobre el nivel del mar.

“La sonrisa se llevaba adentro. La foto que tengo es todavía con la máscara de oxígeno, no me la quise sacar porque el agotamiento era mucho”, recordó tras su llegada al Campamento 4.

“Es un orgullo ser uno de los 27 argentinos que pudieron estar en la punta más alta de la Tierra”, menciona en un reporte desde el campamento base del Everest, donde ni siquiera la imponente naturaleza pudo con los sueños de un hombre que nunca se detuvo.

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