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Hongos: el debate de los científicos sobre los milenarios organismos imprescindibles para la vida

Amanita muscaria (foto: Giuliana Furci)

Silenciosos, intrigantes, temidos o ignorados, los hongos empiezan a abrirse paso en la consideración pública. Dos importantes organizaciones conservacionistas, la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN) y Re:wild, fundada por Leonardo Di Caprio, son las primeras que se comprometieron a usar un lenguaje “micológicamente inclusivo” cuando se refieren a los reinos de la naturaleza que hay que proteger. La declaración la firmaron figuras como la primatóloga Jane Goodall, el escritor Michael Pollan (autor de “Cómo cambiar tu mente”) y la conservacionista Kristine Tompkins, viuda del empresario y ecologista Douglas Tompkins.

La iniciativa fue impulsada por unamicóloga chilena, Giuliana Furci, directora ejecutiva de la Fundación Fungi y una de las promotoras de la declaración de las “3F” para describir los reinos macroscópicos de la naturaleza: flora, fauna y “funga” (conjunto de especies de hongo). Así se suma a un creciente movimiento internacional que reivindica el aporte de los hongos a la cultura humana y la salud del planeta y alerta sobre las amenazas que enfrentan, incluyendo la deforestación, el cambio climático y el uso indiscriminado de plaguicidas.

“Para revalorizar el papel clave de los hongos en salvar la diversidad de la vida en nuestro planeta, también es esencial reformular con precisión el lenguaje. No es meramente simbólico, sino esencial y definitorio. Hablar de la diversidad macroscópica de la vida como solo plantas y animales, o limitar su alcance a la fauna y la flora, es obsoleto”, dijo Furci.

Cuando tenía 19 años, Furci buscaba un zorro en un bosque de la isla austral de Chiloé cuando se topó con un hongo, encuentro que le cambió la vida. “Los hongos te eligen”, repite, y ella escuchó ese “llamado”. Desde entonces, aunque no tiene formación académica convencional en el campo de la micología, se ha dedicado a estudiar miles de especies de su país y a promover su conservación, conocimiento y jerarquización desde la escuela.

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“El lenguaje crea realidad y es importante hablar con un lenguaje adecuado, que incorpore a todos los seres vivos de la naturaleza”, dijo Furci (Foto: Fungi Foundation)

Incorporar en el discurso a los hongos en un pie de igualdad con los reinos animal y vegetal no es capricho o banalidad, sino un acto de justicia. “El lenguaje crea realidad y es importante hablar con un lenguaje adecuado, que incorpore a todos los seres vivos de la naturaleza en un discurso de conservación de ecosistema”, precisó Furci a Infobae.

“Las cosas tan poderosas causan miedo”

En la introducción de “Hongos fantásticos”, un documental de 2019 dirigido por Louie Schwartzberg y que fue incluido meses atrás en el catálogo de Neftlix, los hongos se “presentan” a ellos mismos con jactancia polifacética: “No puedes vernos, pero florecemos a tu alrededor, en todas partes, incluso dentro de ti. En la luz y en la oscuridad. Somos los más antiguos y los más nuevos, los más grandes y los más pequeños. Somos la sabiduría de mil millones de años. Somos la creación. Somos la resurrección, la condena y la regeneración”.

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Hongos Laternea pusilla (Foto: Giuliana Furci)

Uno de los protagonistas de este documental, el micólogo y escritor estadounidense Paul Stamets,reconoce que los hongos resultan algo intimidantes. “Pueden drogarte, curarte, alimentarte y matarte. Y las cosas tan poderosas causan miedo”, señaló Stamets, cuya charla TED de 2008, “Seis maneras en que los hongos pueden salvar el mundo”, tuvo casi 7 millones de visualizaciones.

Pero el proverbial “bajo perfil” micológico dentro del concierto de organismos vivos también se explica por desconocimiento. “Primero se pensó que los hongos eran plantas, y luego de que se corrobora que no eran plantas ni animales, eran asociados a lo pagano, a la descomposición a la pudrición, y siempre asociado a algo negativo. Entonces, la combinación de que muchas personas siguen creyendo que son plantas y de que otras siguen pensando que están asociados a la muerte y a algo que termina y a un proceso que no es natural, son las razones por las que los hongos no han sido considerado formalmente”, manifestó Furci en su intercambio con Infobae.

El doctor en Biología Bernardo Lechner, investigador del CONICET y director del Instituto de Micología y Botánica (INMIBO), que también depende de la UBA y funciona en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, en Buenos Aires, puntualizó que los hongos tienen características de las plantas: no se mueven, tienen una pared que protege a las células del estrés ambiental, forman esporomas que se suelen comparar con frutos; y también cosas de animales, como la quitina que forma el exoesqueleto de los insectos. “De hecho, comparten más genes con los animales que con las plantas”, dijo a Infobae.

Pero son un reino distinto, con características estructurales y funcionales propias. Y muy poco explorado. “Se calcula que se conoce solo alrededor del 5% de especies de hongos en el mundo. Es increíble todo lo que falta por descubrir, lo que se podría encontrar como sustancias medicinales, comestibles, de biorremediación”, añadió Lechner, quien ahora trabaja en un proyecto que busca aprovechar un sustrato usado en la producción de hongos comestibles para descontaminar aguas.

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“Los hongos comparten más genes con los animales que con las plantas”, dijo Bernardo Lechner

No es que no hayan dejado su huella. De los hongos nació la penicilina, que salvó millones de vidas y contribuyó al triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial; hongos alucinógenos fueron quizás las primeras drogas humanas y de allí se aislaron compuestos psicodélicos que hoy se investigan para tratar, por ejemplo, la depresión resistente; hongos se han utilizado para limpiar grandes derrames de petróleo; y, tal como escribió una crítica gastronómica, las setas u hongos comestibles son para los chefs como Star Wars para los fanáticos de la ciencia-ficción, aunque resulta esencial aprender a distinguirlos bien de los tóxicos cuando se los recoge en los bosques.

Una verdadera red social

Sin embargo, quizás más impactante sea su rol en las sombras. De hecho, salvo cuando forman “cuerpos fructíferos” que pueden tener diversas formas e integran el paisaje de los bosques, los hongos son microorganismos, tan “invisibles” como las bacterias, recordó a Infobae el doctor en Bioquímica Luis Wall, director del Laboratorio de Biología de Suelos de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y autor de los libros de divulgación científica “Plantas, bacterias, hongos, mi mujer, el cocinero y su amante” e “Historias del inframundo biológico” (Siglo XXI).

“El cuerpo de los hongos está constituido por hifas o filamentos de células que no pueden verse a simple vista. Para dar una idea, en solo un gramo de suelo hay unos 100 a 200 metros de filamentos de hongos que ‘atan’ y unen partículas del suelo generando agregados que son importantísimos para su fertilidad”, explicó.

Wall añadió que, en los últimos 25 años, el conocimiento de los hongos ha cambiado la manera de entender la naturaleza, las plantas y los bosques. “Ciertos hongos llamado micorrizas conectan las raíces de las plantas entre si formando una verdadera red social cableada por los filamentos de los hongos. A través de esa red de conexión, las plantas distribuyen su riqueza de alimentos y nutrientes entre miembros de la comunidad y llegan a enviarse señales de alarma frente al ataque de un patógeno o herbívoro a un ejemplar de la comunidad, parecido a cómo funciona un grupo de WhatsApp entre vecinos”, detalló.

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Hongo Amanita galactica (Foto: Giuliana Furci)

El 80% de las plantas tienen micorrizas. Y hoy sabemos que las plantas no habrían podido conquistar la tierra si no hubiera sido por los hongos, porque las ayudaron a absorber agua y nutrientes, puntualizó Lechner.

Como si esto fuera poco, el carbono capturado en los cuerpos invisibles de los hongos del suelo contribuye a bajar los niveles de CO2 del aire y disminuye así el efecto invernadero. “Es decir, parte de las posibles soluciones al calentamiento global y al cambio climático podría venir de parte de los hongos de nuestro planeta y de nuestra capacidad de cuidarlos y hacerlos prosperar”, sentenció Wall. ¿Cómo no se les va a reconocer el lugar que tienen?

Para Furci, el “creciente fervor por los hongos” de IUCN y Re:wild y su compromiso por considerar las “3F” va a ayudar a impulsar a este reino postergado “al centro de la escena, que es donde corresponde que estén”.

Donald Pfister, veterano micólogo y profesor de la Universidad de Harvard, en Boston, Estados Unidos, coincidió en un blog de Fungal Diversity Survey que las palabras son necesarias para ayudar a corregir la marginalidad de los hongos, completando la trilogía de flora, fauna y funga. El científico recordó una frase de Catón el Viejo, un político romano del siglo II a.C.: “Comprende el tema, las palabras van a seguir”. Ahora que se conoce cuánto nos dan los hongos, que no forman parte del reino vegetal, que tienen entidad propia, “es tiempo de que las palabras sean claras y sin ambigüedad”, concluyó Pfister.

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