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Héctor Béjar, un exguerrillero de 85 años, es el canciller del presidente Pedro Castillo

por Gonzalo Ruiz Tovar, desde Lima

El presidente Pedro Castillo y su ministro de Relaciones Exterior, Héctor Béjar (Foto: Agencia Andina).

Héctor Béjar, un exguerrillero que conoció personalmente a Fidel Castro y a Ernesto “Che” Guevara cuando se formaba en Cuba en los primeros años de la Revolución, asumió esta semana como ministro de Relaciones Exteriores de Perú, a una edad en que la mayoría suele estar en el retiro: 85 años.

Es una llegada al poder distinta a la que seguramente imaginaba cuando hace seis décadas se movilizaba como “Calixto” por selvas de Perú para luchar por una revolución armada que nunca triunfó y que, más bien, le costó pasar cuatro años en la cárcel.

La designación tuvo un marco de sorpresa por la edad del elegido, porque no es experto en el tema diplomático y porque los rumores apuntaban a que el flamante presidente Pedro Castillo nombraría al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros.

En silencio desde la ceremonia del miércoles, aún se desconocen las directrices del canciller, quien ha demostrado que mantiene fidelidad a gobiernos como los de Cuba y Venezuela, aunque con la aclaración de que lo de Castillo va por otra ruta.

Béjar, abogado y doctor en sociología, nació en 1936 en una familia de clase media de la provincia de Huarochirí, vecina a Lima. Desde muy joven abrazó las ideas socialistas y, para pasar a la práctica, viajó a comienzos de la década de los 60 a Cuba para ver de cerca el proceso revolucionario y formarse en diversos temas, incluido el de la práctica guerrillera.

De regreso a Perú, tomó las armas dentro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que, nacido como una disidencia del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y bajo el liderazgo de Luis de la Puente Uceda, se convirtió en la primera experiencia de ese tipo en el país.

Béjar dejó sin embargo al MIR para formar junto a jóvenes amigos, como el poeta Javier Heraud, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que llevaba más la impronta del Che.

El ELN, cuyo máximo jefe militar fue Juan Pablo Chang -que moriría junto a Guevara en Bolivia-, desató escaramuzas en las selvas, pero también sufrió duros golpes, como la pérdida de Heraud, quien cayó en acción a los 21 años, cuando ya era visto como una de las nuevas grandes voces de la poesía hispanoamericana.

En esos meses intensos, Calixto alternó con nuevos viajes de formación a Cuba e incluso con una corta experiencia de lucha armada en Bolivia, que no tuvo nada que ver con lo que pasaría después con el Che.

Los días de guerrillero terminaron para Béjar en 1966, cuando cayó preso. Se creía que pasaría mucho tiempo en la cárcel, pero el gobierno de izquierda del general Juan Velasco Alvarado, que tomó el poder mediante un golpe de estado en 1968, lo amnistió en 1970.

Béjar no solo recobró la libertad sino que se convirtió en funcionario del Estado, como miembro del Sistema Nacional de Movilización Social, organismo creado por Velasco para involucrar a las clases populares en el proceso.

Con el derrocamiento de ese gobierno, en 1975, el ahora canciller inició la ruta académica en la que se desempeñó desde entonces, sobre todo en la Universidad Católica de Lima, en la que tuvo a cargo cátedras sobre políticas públicas y gerencia social.

Paralelamente, desarrolló una carrera como escritor, que lo llevó a ganar en 1969, cuando aún estaba preso, el premio Casa de las Américas, por “Apuntes sobre una experiencia guerrillera”, libro en el que rememoró su vivencia armada.

En las últimas décadas, Béjar ha sido en Perú un referente del intelectual comprometido con causas de izquierda y ha aprovechado los espacios que le dan los medios para defender a los gobiernos o movimientos con que simpatiza en América latina.

Por ejemplo, a raíz de los movimientos populares de julio en Cuba, afirmó, en declaraciones recogidas por la prensa de la isla, que hay “una maniobra absolutamente tonta y evidente” de parte de “los sectores más extremistas de Estados Unidos” para “promover mediante disturbios una agenda que ha fracasado en todo el mundo y que está condenada al fracaso”.

Asimismo, ha considerado una “obligación moral” la defensa del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, porque “es una de las pocas posibilidades de cambiar esta sociedad sucia y violenta”.

Béjar también dijo durante la campaña electoral peruana, en una entrevista con el medio digital argentino Argmedios, que si Castillo ganaba sería un aporte a “una ola progresista de distinto tipo” en América latina.

“(Una ola) más conservadora, menos progresista en términos de tercera o cuarta generación de derechos, pero mucho más en términos de derechos económicos y sociales”, añadió esa vez, en referencia al conservadurismo de Castillo y su partido Perú Libre en temas como equidad de género, aborto o derechos para no heterosexuales.

Quizás en otro marco, consideran analistas, la designación de Béjar acapararía críticas y sería aprovechada por sectores de la oposición para insistir en su discurso de que el nuevo gobierno peruano es la puerta de entrada al “comunismo”; pero la presencia del congresista Guido Bellido como jefe del gabinete generó tanta resistencia que su caso ha pasado casi inadvertido.

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