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Hasta qué punto está incrustada la cosmovisión de Trump en los republicanos estatales y locales

President Donald Trump boards Air Force One at Joint Base Andrews in Maryland, Jan. 12, 2021. The falsehoods, white nationalism and baseless conspiracy theories that Trump peddled for four years are now deeply ingrained in the Republican party. (Doug Mills/The New York Times) (DOUG MILLS/)

En el condado de Cleveland, Oklahoma, el presidente del Partido Republicano local se preguntó abiertamente “por qué la violencia es inaceptable”, justo unas horas antes de que una turba asaltara el Capitolio de Estados Unidos la semana pasada.

“¿Qué diablos creen que fue la revolución estadounidense?”, publicó en Facebook. “¿Un juego a las escondidillas?”.

Dos días después, el presidente del Partido Republicano del condado de Nye en Nevada publicó en el sitio web del comité local una carta llena de teorías conspirativas, en la que acusaba al vicepresidente Mike Pence de traición y calificaba el disturbio como “un evento escenificado con el propósito de echarles la culpa a los partidarios de Trump”.

También esta semana, en Virginia, Amanda Chase, senadora estatal republicana durante dos periodos que contiende para la gubernatura, sostuvo que el 20 de enero tal vez se le vuelva a tomar juramento al presidente Donald Trump para un segundo periodo y que los republicanos que obstruyeron ese “plan alternativo” serían castigados por los partidarios del presidente.

“Ahí tienen a Mitch McConnell traicionando al Partido Republicano”, dijo en una entrevista Chase, quien la semana pasada fue oradora en la manifestación de Washington. “La insurrección es en realidad el Estado profundo donde los políticos trabajan en contra del pueblo para derrocar a nuestro gobierno”.

Mientras Trump está a punto de salir de la Casa Blanca y enfrentar un segundo juicio político en el Senado, sus ideas siguen ejerciendo una atracción gravitacional en los círculos republicanos de todo el país. Aunque un grupo de congresistas republicanos rompieron con el presidente en el último momento, las mentiras, el nacionalismo blanco y las teorías conspirativas sin fundamentos que propagó durante cuatro años se han arraigado en las bases del partido y han sido adoptadas por activistas, dirigentes locales y funcionarios electos.

Entrevistas con más de 40 dirigentes republicanos locales y estatales realizadas después del asalto al Capitolio demuestran que un flanco enérgico del partido mantiene una devoción casi religiosa hacia el presidente, y que estos partidarios no lo consideraban responsable de la violencia de la turba la semana pasada. El rechazo que muestran algunos republicanos solo ha fortalecido el apoyo de sus partidarios.

Además, pese a que algunos dirigentes y estrategas republicanos anhelan deshacerse de estos seguidores por considerarlos un elemento marginal de su partido, muchos de ellos siguen teniendo mucha influencia a nivel local y estatal. Estos funcionarios locales no solo son el canal entre los electores y los republicanos a nivel federal, sino que también actúan como la siguiente generación de funcionarios electos de alto nivel del partido y, en caso de llegar a Washington, se entregarían al trumpismo.

Es probable que el constante apoyo al presidente preserve su influencia mucho tiempo después de que haya dejado el cargo. Eso podría dificultar la capacidad del partido de unificarse y reconfigurar su agenda para volver a atraer a los electores suburbanos moderados cuya participación es determinante para ganar los estados en disputa y las elecciones presidenciales.

Al mismo tiempo, al distanciarse del presidente, el partido podría perder a sus seguidores: millones de nuevos electores de la clase obrera que ayudaron a Trump a obtener más votos que cualquier otro candidato republicano a la presidencia en la historia.

“La prioridad número uno es conservar a los electores de Trump”, señaló Harmeer Shillon, integrante del Comité Nacional Republicano de California. “No hay un camino rápido para hacerlo, no se puede virar en una dirección diferente. Los electores están esperando continuidad en el partido y que siga el mismo rumbo”.

Una encuesta de Axios-Ipsos publicada el jueves mostró que una mayoría de republicanos apoyan el comportamiento del presidente a últimas fechas y afirman que él debería ser el candidato republicano en 2024.

Algunos del ala de Trump ya están amenazando con impugnar a los republicanos que, según ellos, no son lo suficientemente leales al presidente y con rechazar de manera férrea a cualquier republicano que trabaje con el nuevo gobierno de Biden. Ahora que Trump ha sido expulsado de las principales plataformas de redes sociales, se están metiendo a los medios de comunicación de derecha y están esperando la aparición de nuevas plataformas de redes sociales conservadoras que, según muchas personas, se están desarrollando.

“En definitiva, el partido está con Trump”, señaló Debbie Dooley, una activista conservadora de Georgia. “Veo mucha ira, pero está llena de matices. Hay personas que están más enojadas con los republicanos que le dieron la espalda a Trump que con los demócratas”.

Eso fue evidente poco después de que diez republicanos se sumaron a los demócratas para apoyar la moción de juicio político el miércoles. A unas horas de las votaciones, Drew McKissick, presidente del Partido Republicano de Carolina del Sur, lanzó una declaración que atacaba al representante republicano de su estado, Tom Rice, quien había apoyado la moción.

“Estamos en total desacuerdo con esta farsa y me quedo corto al decir que estoy completamente decepcionado del congresista Tom Rice”, comentó McKissick.

Varios republicanos de la Cámara Baja también exigieron que la representante por Wyoming, Liz Cheney, una voz de gran resonancia en favor del juicio político, dejara su puesto de liderazgo en el comité del partido.

Durante años, los opositores de Trump sostuvieron que perdería su influencia en el partido después de algún acontecimiento demoledor que sacudiera al país, como disturbios o violencia. La irrupción al Capitolio la semana pasada parece haber brindado esa oportunidad a los republicanos que desean volver a enfocar al partido en torno a las políticas de Trump, y renunciar al discurso polarizador y a las acciones divisorias que caracterizaron sus cuatro años en el cargo.

“Creo que en este mundo hay mucha cabida para el Partido Republicano”, señaló Juliana Bergeron, integrante del Comité Nacional Republicano de Nueva Hampshire. “No sé muy bien si haya cabida para el Partido Republicano de Donald Trump”.

No obstante, para muchos funcionarios de las bases, el episodio en el Capitolio no fue el punto de inflexión que algunos republicanos de Washington pensaron que sería.

“No, Trump no tiene culpa alguna, pero los demócratas sin duda la tienen, junto con todos los republicanos que los apoyan”, comentó Billy Long, presidente del Partido Republicano en el condado de Bayfield, Wisconsin, quien afirmó que está planeando salirse del Partido Republicano para formar un tercer partido en el que Trump sea el centro. “El movimiento de Trump no ha terminado; como lo dijo él mismo, apenas estamos comenzando”.

Los electores republicanos, en gran medida, también han hecho una distinción tajante entre el presidente y quienes asaltaron el Capitolio y, según una encuesta publicada esta semana por la Universidad Quinnipiac, el 80 por ciento dice que no responsabiliza del disturbio a Trump, y el 73 por ciento afirma que el mandatario está defendiendo la democracia.

Incluso en los estados demócratas, los dirigentes republicanos siguen enfrentando la política de agravios de Trump. En el Senado estatal de Nueva Jersey, los republicanos estuvieron divididos en una resolución que culpaba a Trump de incitar a la multitud que atacó el Capitolio. La mayoría de los republicanos decidieron abstenerse, y muchos usaron su tiempo en el pleno para tratar de trasladar el debate a las manifestaciones del verano contra la injusticia racial, por lo que el presidente del Senado tuvo que llamarles la atención por desviarse del tema.

Aun cuando Trump desapareciera de la vida política, sin su megáfono en las redes sociales ni su tribuna, sus partidarios afirman que su mensaje se seguirá difundiendo, gracias a un partido reconfigurado a su imagen y un fuerte apoyo estructural en todos los niveles.

Desde el triunfo de Trump en 2016, han cambiado 91 de los 168 puestos del Comité Nacional Republicano, y prácticamente todos los recién llegados fueron electos por los partidos estatales alineados con Trump.

El mandatario recibió elogios generalizados en una reunión nacional del partido celebrada dos días después del ataque y lo recibieron con un aplauso cuando convocó a un desayuno.

Ya se están trazando las líneas de batalla entre los partidarios de Trump y quienes quisieran dejar atrás al presidente.

Con el respaldo de Trump, en varios estados ya están en marcha iniciativas para preparar a candidatos que disputen los cargos de los republicanos titulares en las elecciones primarias. En Georgia, los posibles candidatos de las primarias están hablando con activistas conservadores acerca de disputarle el cargo al gobernador, al vicegobernador y al secretario de Estado republicanos. Otros objetivos podrían incluir al gobernador de Ohio, Mike DeWine, y a los senadores Lisa Murkowski, de Alaska, y John Thune, de Dakota del Sur.

El ataque de la semana pasada al Capitolio ha trazado una línea todavía más clara que divide al partido. Legisladores estatales de más de una docena de estados asistieron a la manifestación, y al menos uno enfrenta acusaciones penales por ser parte de la turba que asaltó el Capitolio. Meshawn Maddock, una activista que está lista para ser la copresidenta entrante del Partido Republicano de Míchigan, ayudó a organizar los traslados en autobús de los partidarios de su estado para que fueran al Capitolio. En los días posteriores a los hechos violentos, se sumó a un grupo en internet de conservadores en el que algunos participantes hablaron abiertamente de guerra civil y de ley marcial.

Muchas personas siguen justificando su participación en ese evento.

“Quienes controlan el Congreso hoy en día miran con desprecio a muchos habitantes del país. Trump nunca lo ha hecho”, afirmó el representante por Alaska, David Eastman, quien estuvo presente en la manifestación. “Yo, al igual que cerca de un millón de otros estadounidenses, estuve feliz de viajar a Washington D. C. para oír hablar al presidente y agradecerle sus cuatro años en el cargo. Quienes conforman la clase gobernante actual nunca entenderán realmente por qué”.

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