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Esa peligrosa costumbre de negar la realidad

El presidente Alberto Fernández

En cualquier país del mundo en donde se respiren aires de normalidad lo que suele ocurrir ante el surgimiento de malas noticias es bastante sensato: los gobiernos habitualmente ofrecen a sus ciudadanos un abanico de posibles medidas a implementar con cierta inmediatez en virtud de poder corregir los desajustes que causaron dichas desavenencias. Bien sencillo: los funcionarios de turno identifican el problema e inmediatamente después se intentan aplicar soluciones acordes a la experiencia y el conocimiento que se tenga a disposición para evitar que los males se repitan.

Esta semana se han dado a conocer los datos de inflación mensual y con ellos, lo que ha dejado el 2021 en materia inflacionaria: 50,9% de inflación anual y 3,8% de incremento de precios para el pasado mes de diciembre. Solo para tener una referencia, la inflación del mes de diciembre del 2020 fue de 4% y el incremento de precios para todo ese año fue del 36,1% (de un año a otro la inflación anual se ha incrementado en 14,8 puntos). Cuando se repasan estos números resulta evidente que las medidas para combatir la inflación implementadas por el gobierno han fracasado de manera rotunda. A partir de aquí el gobierno debería comunicar de manera detallada cuáles serán los pasos a seguir lo que debe acompañarse con la enumeración de cada uno de los errores cometidos que lograron que Argentina culmine el año perteneciendo al triste podio al que pertenecen los tres países con más inflación del mundo. Sin embargo parece que el camino elegido no es este sino el de la más absoluta negación de la realidad.

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En el camino transcurrido hasta aquí nos hemos topado con un sinfín de medidas antiinflacionarias. Todas ellas devenidas de un concepto que siempre ha prevalecido en las profundidades del pensamiento kirchnerista: responsabilizar a los otros por las consecuencias de su propia desidia.

El gran enemigo que encontró el gobierno fue (una vez más) el sector privado. Los empresarios fueron el gran blanco del 2021 donde se los acusó a estos de ser los grandes responsables de los aumentos de precios. Extraños empresarios éstos que en los años 90 sostuvieron los precios estables por más de una década y ahora se les ocurre ser los artífices primarios de la suba “inescrupulosa” de los precios. Sin embargo el gobierno encontró la forma de ponerlos de rodillas: el programa “precios cuidados” y el plan “precios congelados” parecía ser la solución a tanta mezquindad empresaria. Si bien estos planes nacieron en el año 2014 y desde su existencia hasta hoy el país acumula más de 1.100% de inflación, parecía sin embargo ser la solución. A pesar de la fe depositada, el fracaso fue rotundo: los alimentos nunca cesaron su incremento permanente de precios e incluso en diciembre último (en plena vigencia de ambos programas) el rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” se incrementó un 4,3%, bastante por encima de la inflación general. A pesar de esta evidencia el gobierno anunció que el plan “precios cuidados” se renovaba por un año más (aunque esta vez con revisiones trimestrales). El destino está sellado: todo será nuevamente un gran fracaso.

El gran enemigo que encontró el gobierno fue (una vez más) el sector privado. Los empresarios fueron el gran blanco del 2021 donde se los acusó a estos de ser los grandes responsables de los aumentos de precios

Otro de los intentos desmesurados por combatir el alza de precios fue sin duda las prohibiciones, limitaciones y cepos impuestos a la exportación de carne vacuna. La gran promesa de campaña de “encender nuevamente las parrillas” seguía sin poder cumplirse y había que lograr que el campo no se siga aprovechando de los pobres consumidores. El resultado no fue otro que el esperado (y exactamente el mismo que se había dado en otras oportunidades donde se aplicaron medidas similares): todo terminó en un gran fiasco. El campo frenó sus inversiones, se perdieron puestos de trabajo y el objetivo final fue incumplido: en el último año el precio de asado (según el propio Indec) pasó de $528 a $884 (lo que implicó un aumento del 67,42%). Solo en el mes de diciembre la carne aumentó el 15,9%. De igual forma el fracaso no amedrentó a los funcionarios del gobierno y éstos extendieron las prohibiciones para exportar “cortes de carne populares” por el término de dos años más. Lo que veremos en el futuro será exactamente lo que ya ha ocurrido en otros tiempos: nada de esto frenará los aumentos de precios.

Lo cierto es que los pesos presionan cada vez más sobre los bienes y servicios, entre ellos sobre un mercado de cambios que ya no da más

Finalmente uno de las grandes apuestas del gobierno fue la de creer que la riqueza se podía imprimir. Incremento la cantidad de dinero en varios billones (millones de millones) de pesos, justificándose en que la emisión monetaria no genera inflación y que en tal caso las causas de los incrementos de los precios no se debe a ella sino que se debe a cuestiones “multicausales”: desde “razones psicológicas” -según lo ha manifestado el propio presidente Alberto Fernández algunas horas atrás- hasta maniobras especulativas de la más baja calaña. Lo cierto es que los pesos presionan cada vez más sobre los bienes y servicios, entre ellos sobre un mercado de cambios que ya no da más. Parece sin embargo que esto siguen sin lograr verlo y redoblan la apuesta: en un país que no tiene crédito, aseguran que el déficit fiscal se quedará con nosotros varios años más, abastecido desde ya con más emisión. La consecuencia no puede sorprenderlos ni a ellos ni a nosotros porque será la misma de siempre: más inflación.

Para gobernar se necesita indefectiblemente poder observar la realidad de los hechos y para esto es necesario poder verlos con lógica y sentido común. Si se siguen negando a observar la crudeza de las circunstancias jamás podrán gobernar: lo único que lograrán será condenar al país a navegar eternamente a la deriva, viendo cada vez más de lejos ese futuro digno que muchos deseamos tener.

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