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En su despedida, rescatan la generosidad, lucidez y honestidad intelectual de Horacio González

“Inmensa pena por el fallecimiento de Horacio González, uno de los intelectuales más destacados del país”, twitteó CFK.

Quizá las palabras que más se repiten en los últimos posteos en redes sociales tras conocerse la muerte del sociólogo, escritor, fundador de Carta Abierta y exdirector de la Biblioteca Nacional Horacio González sean la “profunda tristeza”, el “dolor sin más”, su condición “ética” que no puede cuestionarse, su “generosidad” y su “honestidad intelectual”. No en muchas figuras públicas recaen mayoritariamente este clase de adioses.

“Inmensa pena por el fallecimiento de Horacio González (…) uno de los intelectuales más destacados de nuestro país”, escribió apenas conocido su fallecimiento la vicepresidenta Cristina Fernández, sobre quien fuera director de la Biblioteca Nacional de 2005 a 2015, durante la mitad del mandato presidencial de Néstor Kirchner y sus dos mandatos como presidenta de Argentina.

“Mientras gritábamos el gol de Diego, nos enteramos de la muerte de Horacio González. Es todo así en esta tierra demencial”, comenta unos tuits más abajo @CCesaroni, haciendo una precisa síntesis del momento en que trascendía en redes la muerte del sociólogo y fundador de Carta Abierta, justo cuando voceaban en todo el país los 35 años del gol de Maradona a los ingleses.

Una foto tomada desde arriba, casi a vuelo de pájaro, lo muestra de piernas cruzadas, serio, sweater del mismo lila del pelo de un retrato suyo colgado en la pared de ladrillo, casi apoyado en uno de los estantes abarrotados de libros que lo secundan y enmarcan la computadora y el mate.

“Infinito dolor” dice el pie de imagen en la cuenta de la socióloga María Pía López, quien dirigió el Museo del Libro y de la Lengua durante en mandato de González en la Biblioteca.

“Dolor, sin más. Ético, generoso. Un lector total, creativo hasta el asombro en la relación entre los textos. Exigiéndonos sin concesiones con lo escrito y con lo implícito como una forma de respeto, nunca de pedantería”, tuitea @jmgene.

Y @caramellocumpa completa la idea: “Tendría que encontrar la gramática que te llore, la imagen que sintetice este dolor justo acá… y no puedo. Se me atranca tu nombre en la garganta, Horacio González, pródigo en la palabra y la amistad, generoso padre compañero. Tu signo nos signa! Gracias por vos! Adiós!”

“Yo solo tenía 22 años, y no solo me abrió las puertas de la Biblioteca Nacional para presentar mi segundo libro de poemas, sino que tuvo la inmensa actitud de sentarse a mi lado y regalarnos una reseña en vivo”, grafica el joven escritor y cineasta Camilo Blajaquis.

Sonriente se lo ve en una foto enviada con las condolencias por el Fondo de Cultura Económica junto a Paco Ignacio Taibo II, de cuando asumió a breve la dirección del sello en Argentina, de 2019 a 2020.

“Horacio nos deja una obra trascendente, un legado de vigoroso compromiso intelectual y un modo único de impulsar el debate de las ideas -resaltan en el comunicado-. En su extensa y reconocida trayectoria publicó novelas, aguafuertes y libros de ensayos (…) expresamos nuestro profundo agradecimiento a un referente intelectual de Latinoamérica”.

La Asociación de Actores Argentinos reitera esa noción: “Fue uno de los más importantes exponentes de la intelectualidad de las últimas décadas. Quedará por siempre su rica obra, su compromiso y su espíritu crítico”.

La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares también despiden a González, lo rescatan como “pensador indispensable de la política y la cultura argentina y el campo popular”. Hablan de un “día de luto para la cultura nacional”.

El Ministerio de Cultura de la Nación repite el gesto de tantos otros cuando tuitea “abrazamos a su compañera Liliana Herrero, familiares y amigos” y recuerda su paso por la docencia, su faceta de ensayista, su autoría en más de 40 publicaciones.

El historiador Hernán Brienza habla en Twitter de “una tristeza enorme” que lo invade, de “un hombre íntegro, quizás el más erudito de la Argentina, sencillo y amoroso. Lúcido, honesto intelectualmente, irónico, humilde, escuchante y cuestionador. Mi admiradísimo Horacio González se fue para siempre”, escribe.

“Era una máquina de leer y entender. Nada era ajeno a su espíritu y se abocaba a todo para hacerlo propio, metabolizarlo y devolverlo iluminado por su propia posición. Su escritura contenía en pocas líneas, de una forma que era poética, necesaria para iluminar una comprensión, todas las premisas (amplias y sistemáticas) de su crítica y las voces con las que conversaba, discutía, ironizaba o antagonizaba”, explica con claridad el antropólogo Pablo Semán.

El espacio público “precisa de voces como las de él para no caer en las degradaciones del insulto, el latigazo o la jactancia de la brutalidad. Vocación que lo llevó a pronunciarse en una militancia contra el horror cada vez más omnipresente y naturalizado. Quienquiera leer una historia crítica de este presente no podrá prescindir de sus páginas ni de su voz. Y quiero agregar -escribe-: fue un funcionario ejemplar”.

“Toda su crítica reflejaba la paciencia, la experiencia, la pluralidad de matices y la sincera convicción de que ese diálogo mejoraba incluso a su antagonista”, postea Semán y el ex ministro de Cultura, Pablo Avellutto, parece desglosar la misma idea: “Se va un profesor deslumbrante, creativo e intelectualmente honesto más allá de acuerdos y disensos”.

“Tuvimos la suerte de ser tus contemporáneos -le escribe Ezequiel Grimson, quien fuera su mano derecha en la Biblioteca Nacional- . Vivimos con entusiasmo cada discusión, cada conversación, cada una de tus clases. Aprendimos con vos que la política falla si no permite la discusión libre de ideas. Aprendimos juntos a construir una Biblioteca Nacional que, nos enseñaste, sólo podía ser virtuosa si se permitía ser a la vez pública y sutil, abierta y atenta a todos los escritores, lectores, trabajadores y a todas las corrientes estéticas y políticas de la historia”.

“Ya extrañamos tu generosidad, tu ternura, tu disposición permanente a la necesidad del otro. Tu humildad y tus escritos urgentes. Los asados y los viajes. Nos quedan tus textos, tus libros, mil historias compartidas y el amor infinito de Liliana Herrero”, finaliza.

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