Centro de Informes

Bolsonaro y la privatización de Petrobras, un mensaje al mercado para su reelección

Petrobras es empresa más grande del país y líder mundial en exploración en aguas profundas.

El poder financiero de Brasil siempre dudó del nivel de liberalismo en sangre del presidente Jair Bolsonaro, que le dio a ese sector, que lo apoyó en 2018 y respalda su agenda antiestatista, la promesa de privatizar la gigante petrolera estatal Petrobras, la empresa más grande del país y líder mundial en exploración en aguas profundas.

De cara a la recuperación de sectores de la derecha liberal y de la juventud autodenominada libertaria que le fueron fieles en 2018 y se alejaron en la pandemia, Bolsonaro dijo que quiere privatizar Petrobras para no ser responsabilizado por la política de precios de los combustibles, que él mismo decidió que sean en dólares y aumenten al ritmo del barril de crudo en el mercado internacional.

Desde que asumió, el precio de los combustibles en Brasil aumentó 41% y es por eso que ante las críticas de no intervenir en la política de precios, Bolsonaro soltó ayer a una radio evangélica: “Yo ya tengo ganas de privatizar Petrobras, tengo ganas. Voy a ver con el equipo económico qué podemos hacer. Lo que pasa es que yo no puedo intervenir en el precio, pero cuando aumenta, la culpa es mía. Aumenta el gas, la culpa es mía”.

“En el futuro, Petrobras tendrá que ser puesta en el mercado para romper el monopolio que tiene la empresa, que termina perjudicando al país”

Hamilton Mourao

En la misma línea se pronunció el vicepresidente Hamilton Mourao, general retirado del Ejército y vocero de cierta elite militar históricamente vinculada a las empresas estatales como pata desarrollista, incluso en la última dictadura militar.

“En el futuro, Petrobras tendrá que ser puesta en el mercado para romper el monopolio que tiene la empresa, que termina perjudicando al país”, dijo Mourao, y alegó que el precio de los combustibles “subió en todo el mundo”.

Lo mismo apuntala el presidente de la Cámara de Diputados, el oficialista Arthur Lira, del Partido Progresista, y el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, que propuso vender Petrobras para poder pagar los planes sociales para casi 100 millones de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad alimentaria y de empleo debido a la pandemia.

"En vez de Petrobras estar pagando a los accionistas podemos darle la plata de la privatización a los pobres", afirmó Guedes. Foto AFP

“En vez de Petrobras estar pagando a los accionistas podemos darle la plata de la privatización a los pobres”, afirmó Guedes. Foto AFP

“En vez de Petrobras estar pagando a los accionistas podemos darle la plata de la privatización a los pobres”, afirmó Guedes, quien ya se anotó la privatización de la gigante Eletrobras y tiene en carpeta otra grande, Correios, la compañía postal del Estado.

La puerta abierta por Bolsonaro hizo ilusionar al mercado financiero que respalda desde 2019 la agenda de Guedes, ya que la petrolera casi fue vendida en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), época en la cual se le abrió el capital para cotizar en Bolsa.

Para los analistas, el anuncio de Bolsonaro tiene que ver con llegar mejor posicionado con el mercado financiero para su reelección en 2022 y sacarse la responsabilidad de los aumentos.

Desde la caída de Dilma Rousseff en 2016 Brasil volvió a vincular el precio internacional del petróleo con los precios locales de los combustibles, tanto con Michel Temer como con Bolsonaro, al punto en que las garrafas de gas ya son un bien de consumo de lujo en las favelas, donde se volvió a la cocina a leña.

“Estamos pasando por una estigmatización de la empresa por una decisión administrativa que empezó con Temer y siguió con Bolsonaro, seguir el precio internacional y generar inflación; si fuera privada, la política sería parecida a esta”, dijo Marco Antonio Rocha, profesor del Instituto de Economía de la prestigiosa Universidad de Campinas (Unicamp), a Télam.

Según Rocha, existe una estrategia política de generar “insatisfacción para forzar la privatización” como el fondo contra la pobreza anunciado por Guedes.

“Este fondo es una estrategia equivocada porque la empresa genera desarrollo y riqueza a largo plazo, saltos tecnológicos y una cadena productiva importante, y estaría siendo rifada por una medida de corto plazo”, explicó.

La viabilidad de una privatización de Petrobras siempre fue algo rechazado por la opinión pública, según el profesor, ya que la empresa fundada en 1953 por Getulio Vargas es símbolo de soberanía nacional, con una carga histórica de desarrollo de la industria nacional.

Petrobras y la operación Lava Jato

La empresa, líder mundial en exploración de aguas profundas, fue el eje de la operación Lava Jato, a raíz de que se descubrió un cartel de empresas de ingeniería que sobrefacturaban las obras contratadas, un escándalo que abrió una tendencia ideológica hacia la privatización.

De hecho, Petrobras se desprendió de subsidiarias, como BR Distribuidora, la red de estaciones de servicio más importante del país, apenas vendiendo acciones en el mercado financiero, en un proceso de “desestatización”.

En opinión de Joelson Sampaio, economista especialista en mercados financieros de la universidad Fundación Getulio Vargas (FGV), será difícil articular políticamente en un año electoral (las elecciones son en octubre de 2022) un asunto tan grande como la venta de Petrobras.

“El anuncio de Bolsonaro vino tras una serie de aumentos de precios y su lectura es que la población culpa al presidente de ello; Bolsonaro lanzó la idea de un gobierno promercado para posicionarse frente a su reelección en 2022”, dijo Sampaio a Télam.

En ese sentido, apuntó que “el mercado ve con buenos ojos la privatización pero es de difícil aplicación en la recta final de su gobierno y en un año electoral”.

Bolsonaro culpó a los gobernadores por no haber bajado la carga impositiva estadual sobre los combustibles, pero en cambio se negó a intervenir en la política de precios, sobre todo porque su propio electorado se está quejando de que el litro está rondando los siete reales, equivalentes a 1,28 dólares.

El gobierno central redujo la recaudación al eliminar impuestos federales sobre los combustibles y Bolsonaro se pronunció contra cualquier control de precios.

“Si me meto a tocar los precios, algo que fracasó en el pasado, quedo expuesto a un delito de responsabilidad”, argumentó, al citar el motivo por el cual puede ser llevado a un juicio político.

Seguinos y Contactanos

Tus comentarios son fudamentales, intentamos permanentemente mejorar tu experiencia en el sitio.