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Atraso acumulado en los precios de bienes de consumo masivo será de 40 puntos a fin de 2021

La suba de precios es la principal preocupación del Gobierno, variable que desde hace un tiempo viene diluyendo el poder adquisitivo de los ingresos. En contraste con las estimaciones oficiales, los analistas anticipan que la inflación quedaría cerca del 50% este año y dejaría un piso bastante elevado para el 2022.

Un informe de Ecolatina consignó que, habiendo transcurrido tres cuartas partes del 2021, la variación de precios esperada para todo el ejercicio se ubicaría “apenas” por debajo del 50% anual, a pesar de la pauta oficial de 29% estipulada en 2020 y la del 45% que marca el Presupuesto 2022. Así, “Argentina volvería a niveles cercanos a los de 2019 (54% anual), que marcó un máximo en 3 décadas”.

La consultora también destacó que, luego de cinco meses consecutivos a la baja, la inflación volvió a trepar en septiembre y, de acuerdo con su relevamiento de precios, no revertiría su comportamiento en octubre, “desdibujando la incipiente desaceleración”.

“Hace más de una década que este tema volvió a configurarse como uno de los principales problemas de la economía argentina. En este lapso, mostró una tendencia al alza que la llevó a ser, hoy en día, una de las principales preocupaciones de la sociedad y el Gobierno”, consideró el trabajo.

Después de la baja

La irrupción de la pandemia implicó un proceso de desaceleración en la dinámica inflacionaria. La consultora explicó que debido a la caída abrupta de la demanda e incluso al cierre completo de algunos sectores, las subas mensuales perforaron el 2% en la etapa de la cuarentena más estricta, una baja considerable teniendo en cuenta que en 2018 y 2019 los precios se movieron mensualmente de manera más significativa.

En el inicio del 2021 la inflación siguió acelerándose, alcanzando un 4,1% promedio en el primer trimestre, donde el pico más importante se alcanzó en marzo cuando llegó a trepar 4,8%.

Para Ecolatina, esta evolución se dio en un contexto extraordinario, con bajas presiones salariales (postergación de paritarias) y una elevada demanda de dinero (frente a la incertidumbre, creció la mantención de liquidez por motivos precautorios). Adicionalmente, los controles aplicados sobre los bienes de consumo masivo, sobre todo como el programa de Precios Máximos, y la suspensión del aumento de tarifas colaboraron a la ralentización de los precios.

Sin embargo, la calma fue transitoria y con la vuelta a la normalidad las presiones inflacionarias reaparecieron. “A medida que las actividades económicas reabrían, los salarios se recuperaban y la demanda retornaba a niveles previos, la elevada emisión monetaria le dio combustible a una nueva aceleración del proceso inflacionario, de la mano de un aumento de los dólares financieros”, mencionó el estudio.

De esta manera, la inflación pasó de la zona del 2% entre abril y julio del 2020 a 3,6% en el último trimestre del año. Asimismo, en el inicio del 2021 la inflación siguió acelerándose, alcanzando un 4,1% promedio en el primer trimestre, donde el pico más importante se alcanzó en marzo cuando llegó a trepar 4,8%.

Vale recordar que para el presente año el Gobierno había marcado una pauta de variación de precios de 29% punta a punta, que quedó vieja durante con la dinámica alcista del primer semestre. La reacción oficial entonces, de cara a la cita electoral, fue un menor ritmo de depreciación en el tipo de cambio a lo que se sumó un congelamiento tarifario y una reducción en los aumentos de los regulados. A su vez, se observó una menor emisión, disciplina fiscal y un refuerzo en los controles para mantener los tipos de cambio financieros.

Dicha receta no fue una novedad, sino que se repite generalmente en los años electorales. De todas formas, Ecolatina precisó en su informe que esta vez tuvo un efecto menor. “La inercia alimentada por la emisión de dinero en 2020, con una elevada brecha cambiaria y mucho terreno por recuperar por parte de los trabajadores y empresarios de rubros golpeados por la cuarentena, junto con la expectativa de correcciones pendientes a fin de año, dificultaron el descenso de la inflación”, repasaron.

Con el objetivo de contener los precios de los productos de consumo masivo, en especial de los alimentos, se implementó el programa de Precios Máximos que se extendió por más de un año. Finalmente, los precios de los artículos incluídos quedaron 15 puntos porcentuales (p.p.) por debajo de la inflación general en 2020.

Por este motivo, el desarme del programa (finalizado en junio último) aceleró los precios de este grupo de productos, que pasó de mostrar una inflación menor a 1% en los meses de pleno congelamiento a promediar incrementos de casi 4% entre abril y septiembre de este año. “Estos bienes tienen un peso relativamente importante sobre la canasta general (casi un quinto del índice) y contribuyeron a una desaceleración más lenta de lo esperado”, subrayó el estudio.

Con todos esos “corset” en la economía, la suba la suba de precios tuvo una desaceleración desde el 4,8% que marcó en marzo último para llegar a 2,5% en agosto. La consultora consideró que el costo fue disminuir un 10% la competitividad externa y licuar 7% el precio relativo de los servicios públicos. Aun a pesar de ello, la “tregua” inflacionaria fue breve y en septiembre (+3,5%) y octubre, que Ecolatina proyecta en torno al 3%, se habría visto interrumpida.

La misma receta

En un contexto electoral, la intención del Gobierno es volver a los controles de precios en bienes de primera necesidad. En concreto, la Secretaría de Comercio Interior, a cargo de Roberto Feletti en reemplazo de Paula Español, busca congelar más de 1.200 productos de consumo masivo por 90 días.

“Este tipo de políticas puede contener transitoriamente la inflación de un grupo de bienes en el corto plazo, pero pierde efectividad a medida que pasan los meses”, comentó Ecolatina en su trabajo. En tanto, agregaron que los peligros serán “posibles desabastecimientos, estrategias de evasión del programa o, directamente, incumplimientos”, por lo que el único efecto de dichas políticas sería “postergar subas inevitables”.

Como ya se había dicho, muchos de esos productos ya se encontraban con precios atrasados por el congelamiento anterior. Por lo tanto, y en base a estimaciones de Ecolatina, si el Gobierno vuelva a aplicar esta política el atraso podría acumular 40 p.p. cuando finalice 2021. “Esta cifra surge de comparar la inflación de los productos de consumo masivo acumulada entre el inicio de Precios Máximos y el cierre del 2021 (rondaría el 50%) con la inflación general, que para el mismo periodo sería de alrededor de 89%”, sostuvieron.

Un piso alto para 2022

Otro interrogante que se abre es cuál será la tendencia para 2022. El Gobierno plasmó en el proyecto de Presupuesto del año entrante una pauta del 33%, lo que implicaría una continuidad en el esquema cambiario y que el tipo de cambio siga corriendo por debajo de los precios minoristas.

Sin embargo, el reporte apuntó que la normalización en el flujo del turismo internacional y los precios de los commodities que exportamos a la baja, “es probable que no se pueda mantener el actual ritmo de apreciación mensual”. A estos se suma que la hoja de ruta para 2022 contempla una actualización del esquema tarifario, algo que genera aumentos de segunda ronda que repercuten en la inflación general.

No obstante, la consultora indicó que para cumplir con la meta presupuestada, la variación mensual de precios debería ubicarse, en promedio, por debajo de la cifra más baja de este año (2,5%). “La actualización de tarifas de servicios públicos, el fin del ancla cambiaria, un salto en los precios de los productos que implicaría la salida del congelamiento luego de 90 días, reapertura de paritarias y mayor emisión monetaria, ponen en riesgo que las proyecciones oficiales puedan cumplirse”, se explayó el trabajo de cara a 2022.

Por último, la consultora resaltó otro factor a tener en cuenta: la inflación internacional se encuentra al alza (en Brasil ya superó el 10%, mientras que en Estados Unidos y Europa se ubica en valores inferiores, pero máximos en una década), dinámica que tampoco ayuda a la contención de los precios domésticos.

“En definitiva, la tendencia actual no luce optimista. Aunque los controles anunciados pueden tener efectos positivos en el corto plazo, del mismo modo que los congelamientos de tarifas o tipo de cambio, conllevan en sí mismos la garantía de una suba posterior. Si esa suba efectivamente ocurriera en 2022, las pautas del Presupuesto podrían quedar nuevamente subestimadas”, concluyó Ecolatina.

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Moroni no descartó reabrir paritarias

El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, destacó que la mayoría de los salarios le “vienen ganando a la inflación” y afirmó: “El objetivo es que crezcan por encima de la inflación”. Además, señaló que de ser “necesario”, las negociaciones salariales se volverán a abrir en la última etapa del año con el objetivo de lograr una recuperación en el poder adquisitivo.

“La inflación es lo que más nos preocupa”, reconoció el funcionario ante el programa Toma y Daca, el sábado. “Argentina viene de una larga historia inflacionaria y ahora el mundo tiene inflación también”, dijo Moroni. El titular de la cartera laboral dijo que se trata de un escenario “complejo”, manifestó que septiembre fue “un mes muy particular” y confió que en durante “los meses siguientes” se volverá “al esquema” de desaceleración.
 

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