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Acorralado, Trump tuvo que cambiar y apuesta por la reacción económica

Donald Trump enfrenta el mismo dilema que los demás jefes de Estado frente a la pandemia: adoptar las necesarias medidas sanitarias y, al mismo tiempo, hacer todo lo posible para que la economía no se derrumbe. Como demostraron los pedidos de seguros de desempleo de la semana pasada, la economía estadounidense es líquida, flexible y se puede derrumbar rápido.

 

Pero Trump tiene una diferencia con otros líderes, que lo apremia más: en siete meses se juega la Presidencia. Y, a esta altura, caben pocas dudas de que su repuesta a la pandemia será un factor clave para definir el voto. Determinante, acaso.

 

Inicialmente, Trump minimizó el tema y eso será siempre cuestionado por una gran parte del electorado.

 

 

Las primeras encuestas para evaluar su reacción frente a la pandemia mostraban un alto índice de desaprobación dejando en claro que para una buena parte de la sociedad el problema era más grave de lo que consideraba la Casa Blanca y que, por lo tanto, era necesaria una respuesta acorde.

 

En ese contexto, Trump cambió su actitud, asumió la importancia del tema, adoptó medidas, brindó conferencias de prensa todos los días sobre la cuestión y las encuestas lo reflejaron rápidamente porque las evaluaciones positivas sobre su manejo de la crisis comenzaron a superar a las negativas. Además, en las crisis de esta naturaleza, las sociedades tienden a acompañar a sus autoridades. Lo ocurrido luego de los ataques a las Torres Gemelas fue un buen ejemplo de ello.

 

De todas maneras, Trump apuesta a que sean más valoradas sus respuestas en el plano económico que en el sanitario.  Desde el punto de vista sanitario, siempre se le reprochará su respuesta tardía y, además, no puede tomar medidas muy distintas a la de los otros países.  EE.UU. ya tiene más de 120.000 contagiados, además.

 

 

Pero, en el plano económico, pretende marcar la diferencia y dejar en claro que su respuesta fue más contundente que la de otros gobiernos porque acordó con el Congreso un paquete de medidas fiscales para atender a distintos sectores por un monto de US$ 2 billones (que incluye transferencias directas a las familias) y, a su vez, la batería de estímulos monetarios puesta en marcha por la Reserva Federal involucra US$ 4 billones.

 

La apuesta de Trump es clara: evitar un colapso sanitario y al mismo tiempo marcar una diferencia con el resto de los países desarrollados limitando el impacto económico del coronavirus al segundo trimestre del año y comenzar a partir de allí una recuperación para que haya crecimiento al momento de las elecciones. Pretende que, en términos de actividad, la pospandemia sea breve. En Estados Unidos no se ganan elecciones en medio de una recesión. Trump lo sabe, ¿podrá evitarlo y llevar la discusión allí? Las elecciones del 3 de noviembre ya no están tan abrochadas como antes para el carismático líder republicano.

 

 

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